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CINE Y AUSENCIA




ausencia.
(Del lat. absentĭa).
3. f. Falta o privación de algo.
   
¿Qué hay dentro del maletín que pertenece al personaje de Samuel L. Jackson en Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)? ¿Qué miraba Nicole Kidman en Los otros (Alejandro Amenabar, 2001)? ¿Qué sucedió durante el tiempo en el que Totó dejó de estar en Giancaldo en Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988)? ¿Y cómo llegaron las máquinas de Matrix (Andy Wachowski, Lana Wachowski, 1999) a dominar el mundo? En las películas es tan importante lo que se muestra como lo que no se muestra. De hecho, la ausencia es un factor estructural y estructurante del cine. Una película es, al fin y al cabo, como un iceberg: lo que vemos es únicamente una pequeña parte de su totalidad.

Antes de continuar habría que hacer una diferenciación entre las dos formas de ausencia en el cine: por un lado, las ausencias físicas determinadas por el medio; y por otro, las ausencias narrativas que tienen lugar en la propia obra cinematográfica.

Dentro de las ausencias físicas se encuentra la de movimiento real. Recordemos que el movimiento es algo aparente, es “lo que no hay” en las películas, y viene determinado por la suma de fotogramas; como una serie de fotografías, una detrás de la otra. También, la ausencia de luz en la proyección, ya que favorece que la imagen sea nítida, y que seamos capaces de aislarnos y contemplar el film con mayor facilidad. Finalmente, una tercera ausencia física es la del marco de la pantalla, que delimita el rectángulo de lo que podría llamarse “lo permitido”, “lo que podemos ver”. Pero ese marco tiende a expandirse, permitiendo que nos hagamos preguntas y suponer cuanto está más allá de lo que puede ver, el “fuera de campo”.

Pero, las ausencias de tipo narrativo, ¿en qué consisten dentro de la narración de la historia? En suma, se basa en aquello que el director quiere o no quiere enseñar. Y es aquí donde aparecen las elipsis. Por ejemplo, si vemos a un personaje salir de su casa para ir a la facultad, mediante un montaje continuado de los dos espacios (casa y facultad), entenderemos que el personaje se ha desplazado de un lugar a otro, y no nos resulta necesario ver cómo lo ha hecho. Estaríamos, por tanto, ante una elipsis temporal. Y, sin duda, una de las mayores elipsis de la historia del cine es la del inicio de 2001, Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968).

Sin embargo, hay otros tipos de ausencia en el cine: el director puede no mostrarnos información importante para la trama, ocultándonos ciertas partes, como lo que sucede en las películas de misterio o intriga, o como Christopher Nolan en El truco final (El prestigio) (Christopher Nolan, 2006), en la que nos acaba haciendo un perfecto truco de magia. ¿Qué pasa cuando aquello ausente no es importante, pero es necesario para el desarrollo de la trama? Es necesaria una “excusa”, un Macguffin, para que la película avance. Como en el caso de Pulp Fiction y el maletín, cuyo contenido no se llega a mostrar. ¿Es necesario que sepamos lo que contiene en él para entender la película? No. Es totalmente libre su interpretación, pero es necesario que ese maletín esté presente para el desarrollo de la historia.

Por tanto, todo lo ausente es colocado de forma paradójica en las películas para provocarnos una reacción. De esta forma, y con una visión pragmática, el espectador sacará una serie de inferencias, unas posibles interpretaciones de aquello que no se ha mostrado, y podrá clasificarlas en aquello que no sabe porque no se lo han dicho, pero se espera; aquello supuesto que se da a entender, y aquello que no ve, pero que es un componente esencial en la película.

Seguro que todos conocemos películas con finales abiertos: Origen (Christopher Nolan, 2010), Blade Runner (Riddley Scott, 1982) y Zodiac (David Fincher, 2007) son tres ejemplos que han dado lugar a numerosas interpretaciones. ¿Sois vosotros de los que prefieren reflexionar, o preferís que os lo den mascado?


"Es posible hacer un film con nada, porque en nada se puede decir todo". 
 Jean-Luc Godard  






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NI UN CLICHÉ MÁS


¿Qué es para vosotros un crítico? ¿Cuál es su función? Bien, si yo tuviera que contestar esa pregunta, probablemente respondería que la crítica, y por tanto, los críticos, se valen de la palabra para la interpretación de las obras que los artistas ofrecen. Me atrevería incluso a considerar al crítico como un escritor cuya función fundamental es la de apreciar, analizar y valorar el trabajo de otros. 

Pero, ¿qué debería hacer un buen escritor? Tratar de esquivar los clichés. Es decir, todas aquellas ideas, frases que, debido a la novedad y su gran uso, se convierten en excesivamente familiares.



Desde aquí me gustaría recordaros que muchos de los críticos actuales se valen de los clichés, y los asumen como propios. ¿No os parece ésta una actitud demasiado perezosa?

Actualmente, y parece que como una consecuencia más de esta crisis en la que estamos inmersos, nos encontramos ante una gran pérdida de creatividad y de imaginación. Y no debemos pertimirlo. El lenguaje, nuestro lenguaje, es la mejor herramienta que tenemos para explicarnos, para comunicar nuestras opiniones. ¡Usémosla!

Estoy segura de que todos habremos oído estos días más de una vez la frase: "En los tiempos que corren", usada tanto para la literatura como para el cine, como una forma de justificar esta pobreza de creatividad. Esto revela una gran ignorancia por parte de aquéllos. ¡Todo momento es bueno! Sin embargo, los clichés no nos dejan pensar: nos estamos acostumbrando a las frases, los lugares, las ideas, ya expresadas por otros.

Confío en que todavía exista gente dispuesta a seguir creando, a seguir usando el lenguaje, el cine, el arte. , Internet; todos los medios a los que puedan acceder. ¡Innovad!

Os animo a que os rebeléis, y que entre todos dejemos de usar las palabras de otros, y empecemos a usar las propias para expresarnos. No más clichés.

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AQUELLOS GRANDES OLVIDADOS


Los títulos de crédito: todos sabemos lo que son, hemos visto muchísimos pero, ¿realmente los valoramos tanto como merecen? 

Hoy en día existe una tecnología digital avanzadísima, con la que es posible crear casi cualquier cosa (por no decir todo). Hasta llegar a lo que se han convertido, han tenido un largo proceso; y aunque me encantaría escribir sobre su creación y toda su evolución, la entrada sería larguísima, y, sin duda, aburrida.

Sin lugar a dudas, la figura de Saul Bass ha sido una de las más influyentes para los créditos. Supo reconocer su importancia, y fue pionero en diseñarlos, y hacerlos más atractivos para el público. 

Durante la época de Hollywood, los títulos de crédito eran una excusa para que el público tuviera el tiempo suficiente para comprar sus palomitas y colocarse en sus butacas. Sin embargo, en los años 50, con la motivación de superar a la televisión, Bass y otros artistas gráficos, comenzaron a diseñar los créditos (tanto iniciales como finales) como si de auténticas obras de arte se trataran.

Gracias a la labor de Bass, los títulos de crédito son actualmente concebidos como una preparación a la película, un acceso a su esencia, y una manera de reconocer el trabajo de las personas involucradas en la película. Lanzaba una pregunta al comienzo de esta entrada: ¿valoramos realmente su trabajo? Me encanta compararlo al del buen editor: cuanto más invisibles sean, mejor habrán hecho su trabajo. Pero, ¿quién dice que eso no merezca precisamente un reconocimiento mayor?

Para acabar con esta pequeñísima reflexión, os presento esta web que es una verdadera delicia: Watchthetittles se encarga de almacenar los títulos de crédito más atractivos del cine. Y todo para nuestro disfrute. ¡No os defraudará!


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¡FELIZ NAVIDAD!

¡Que tengáis unas felices fiestas y muchos muchos regalos!

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